Sonia no quería ser el blanco de la situación, pero Andrés, con sus provocaciones hacia el señor Romero, había creado una tensión innecesaria. Sonia desconocía la razón de la enemistad entre ambos, pero sabía que el señor Romero era muy susceptible al orgullo, y cualquier humillación recibida se la cobraría a ella más tarde. Por eso, tuvo que intervenir.
Andrés permaneció en silencio, jugando con su copa, mirándola fijamente con una expresión sombría. Sonia llenó su copa de nuevo: —Aproximadamen