Sonia sentía que alguien la seguía. Trabajaba desde casa como pintora, así que casi no salía.
Sin embargo, un par de días a la semana iba de compras. Como sus salidas eran irregulares, no creía que nadie pudiera estar vigilándola. Además, cada vez que volteaba, no veía a nadie, así que no le dio mucha importancia.
Hasta que un día, camino al supermercado, ¡una moto se le vino encima! El motociclista la apuntaba directamente.
Sonia se asustó, retrocedió unos pasos, y justo en ese momento pasó