Tras las palabras de Andrés, Sonia permaneció en un largo silencio. La puerta abierta dejaba entrar el aire gélido que contrastaba bruscamente con la calidez del interior. No podía distinguir si su cuerpo sentía frío o calor. Su mente estaba en blanco.
Después de un largo momento, finalmente encontró su voz: —Entonces, ¿ni siquiera quieres escuchar mi explicación?
Andrés la miró: —Sonia, en este mundo muchas cosas se juzgan solo por sus resultados.
Ante estas palabras, Sonia bajó la mirada y sol