Calle América.
Andrés ni siquiera sabía por qué había conducido hasta aquí.
Ahora, sosteniendo el volante, después de mirar las sinuosas callejuelas frente a él, finalmente decidió no bajarse y simplemente cambió de dirección.
Pero pronto, la vio a Sonia.
Ella salía de la farmacia, con las manos en los bolsillos y la mirada baja.
Hoy la temperatura en Puerto Cristal estaba muy baja.
Llevaba puesto un abrigo negro de plumas, con el cabello cayendo sobre sus hombros y la punta de la nariz enrojeci