La personalidad de Sonia, que los demás veían como rígida y sombría, rara vez mostraba fluctuaciones emocionales. Pero ahora parecía una pequeña bestia acorralada al borde de un precipicio, que había retraído su suave pelaje para mostrar sus garras.
Sin embargo, esta amenaza no significaba nada para Andrés, quien ni siquiera se molestó en responderle. Simplemente la levantó de la cama y comenzó a vestirla él mismo. Aunque Sonia intentó empujarlo, la diferencia de fuerza era demasiado grande, y f