El fuego en el piso de arriba se intensificaba, mientras en la planta baja las habitaciones comenzaban a inundarse, destruyendo poco a poco el hogar que Gabriel había compartido con Isabel.
Gabriel observaba, fuera de sí, corriendo hacia el piso superior, desbordado por la situación.
El fuego en el laboratorio finalmente se apagó, pero el aire aún estaba impregnado con el insoportable olor a quemado y a humo.
Gabriel permaneció allí un largo rato, inmóvil, observando lo que quedaba de ese lugar