—¡No es asunto tuyo! —espetó Cassie, con la voz aguda y contenida entre el zumbido constante del aire acondicionado.
Levantó ambas manos con brusquedad, intentando apartar el firme bloqueo que Devatra imponía sobre ella.
—¡Suéltame, Devatra! ¡Quiero irme!
Pero antes de que pudiera dar un solo paso para salir de detrás del pilar de hormigón, Devatra actuó con mayor rapidez. Con un movimiento ágil, su mano volvió a sujetar el hombro de Cassie y la empujó contra la pared. Un leve golpe resonó cuan