Cassie salió del edificio rascacielos de Morlens Corp con pasos tambaleantes.
Apretaba contra su pecho la carpeta gruesa que contenía los bocetos que había trabajado toda la noche, como si aquel objeto fuera un frágil escudo que protegía su corazón, recién hecho añicos.
Frente al vestíbulo, Selena —que se preparaba para iniciar su turno— corrió hacia ella en cuanto vio la silueta de su amiga aparecer. Sus ojos brillaban llenos de esperanza.
—¿Y bien, Cass? —preguntó Selena, tomándola del hombro