Capítulo 4
El viento del Acantilado de Penitencia era gélido. Los guardias me abandonaron junto al precipicio y me cubrieron con la capa de Adrián. La tela aún conservaba su fragancia tenue y familiar.

Antes me encantaba. Cada vez que regresaba de un retiro, me aferraba a él y aspiraba aquella fragancia. Adrián decía que parecía un animalito que solo se tranquilizaba cuando reconocía su olor. Entonces me enfadaba cada vez que lo decía.

Ahora aquellos recuerdos parecían ocultos tras una capa de niebla. Ya no podía alcanzarlos. A lo lejos, la Secta del Vacío resplandecía bajo incontables luces. Un camino de telas rojas cubría la larga escalinata hasta el salón principal, mientras las campanas nupciales resonaban una y otra vez.

Sentada junto al puente roto, saqué de entre mis ropas un amuleto de jade. Era el símbolo de amor que Adrián me había regalado. En el reverso estaba grabado mi nombre: Elena.

Los duraznos estaban en flor el día que me lo ató a la muñeca. Su rostro se veía tan noble como siempre, pero su tono era muy serio.

—Si alguna vez te traiciono, estréllamelo en la cabeza.

Yo me había reído.

—¿Tú, traicionar a alguien? Creí que el gran líder de la Secta nunca cometería algo así.

Él me tomó de la mano.

—No sé si algún día podría fallarle a alguien, pero a ti jamás te traicionaré.

Al final, las promesas más solemnes eran las menos dignas de confianza.

La voz del sistema volvió a sonar:

[Cuenta regresiva de diez segundos para que el nivel de amor llegue a cero.]

[Diez]

Contemplé el amuleto en mi palma.

[Nueve]

A lo lejos, el maestro de ceremonias anunció:

—¡Ha llegado el momento de comenzar la ceremonia!

[Ocho]

Recordé la primera vez que Adrián se interpuso ante una espada para salvarme. Su túnica blanca quedó manchada de sangre, pero aun así sonrió.

—No tengas miedo.

[Siete]

Recordé cómo me calentó las manos antes de nuestra unión y prometió que jamás volvería a dejar que pasara frío sola.

[Seis]

Recordé la noche en que el sistema me preguntó si deseaba marcharme. Él estaba detrás de la puerta y solo oyó la primera mitad.

[Cinco]

No me escuchó decir entre lágrimas:

—No me iré. Lo elijo a él.

[Cuatro]

Desde que oyó aquella conversación con el sistema, había malinterpretado cada una de mis decisiones.

[Tres]

Y durante todos esos años, su desconfianza había convertido mi amor en un tormento interminable.

[Dos]

Apoyé el amuleto contra una roca.

[Uno]

El jade se hizo pedazos. Los fragmentos me cortaron la palma, pero yo ya no sentía dolor.

La voz del sistema sonó con absoluta claridad:

[Usuaria, el nivel de amor ha llegado a cero. Portal de salida de emergencia abierto. ¿Confirmas tu salida?]

Miré hacia el salón lejano. Estaba iluminado como si fuera de día, y desde allí llegaban voces llenas de alegría. Pero allí ya no había un lugar para mí.

—Adrián, a partir de ahora dejaré de esperarte —murmuré.

Después respondí al sistema:

—Confirmo.

En cuanto pronuncié aquella palabra, el viento se detuvo y el dolor fue desapareciendo poco a poco. Vi mi propio cuerpo apoyado junto al precipicio, con la túnica blanca cubierta de sangre y la capa resbalando de sus hombros. Tenía los ojos cerrados en paz. Parecía que por fin me había quedado dormida. Un instante después, el portal envolvió tanto mi alma como mi cuerpo, y mi figura comenzó a deshacerse en incontables puntos de luz.

***

A lo lejos, en el salón principal, Adrián estaba a punto de recibir la copa de vino ceremonial. Apenas la rozó con los dedos, todo su cuerpo se tensó. Un instante después, la copa cayó al suelo.

El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral.

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