El día en que Camila perdió todo su poder espiritual, Adrián no fue a verla. Decían que había pasado la noche entera gritando y llorando a orillas del Estanque Helado. Lo llamaba por su nombre, decía que le dolía y repetía que estaba arrepentida.
Pero Adrián permaneció en el Pabellón del Ocaso, ordenando las cosas que yo había dejado. Ese era el lugar donde había vivido. Todo seguía allí.
El soporte para la espada estaba vacío. Sobre el tocador había un pañuelo a medio bordar. En el fondo del ar