Mundo ficciónIniciar sesiónNoel había llegado unos cuantos minutos después, traía ropa de calle y la expresión caída, y cuando vio a Elisa sentada esperándolo blanqueó los ojos. Cuando llegó hasta ella se cruzó de brazos.
—¿Qué debo hacer contigo ahora? — le preguntó y ella se encogió de hombros.
—Ayudaré en lo que pueda.
—¿Por qué? ¿no estabas a gusto en la mansión de Emanuel? —Elisa rio.
—¿Allá donde solo hay dos platos, una cama, un mueble y un televisor que no enciende? —él asintió e







