CAPÍTULO Setenta y Ocho

PDV: Emilio

Doran de Cresta Ember me recibió en su propio salón.

Había visto a Diego en la entrada y comprendido que no era una visita social, y tuvo la sensatez de no hacerme esperar ni rodearse de guardias. Estaba sentado detrás de su escritorio cuando me hicieron pasar, con las manos planas sobre la madera y la expresión específica de un hombre que ha estado esperando la llegada de una consecuencia.

Me senté frente a él sin que me invitara a hacerlo.

Diego estaba en la puerta. Testigo, como
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