POV de FlorianaEmilio seguía allí de pie; sus ojos, oscuros y fijos en mí con un hambre que me erizaba la piel. Me había llamado su compañera, pero en este mundo, esa palabra no significaba amor. Significaba un objetivo.Ricardo no parecía un hombre que acababa de descubrir que su hermano estaba predestinado a su nueva adquisición. Parecía un hombre que había sido insultado. Se acercó más a mí, su sombra tragándome por completo. No me ofreció la mano para ayudarme a levantarme. Solo me miró hacia abajo, con el labio curvándose.—¿Una compañera? —la voz de Ricardo era un áspero y cruel susurro. Miró a Emilio y se rio, un sonido seco que no tenía humor alguno—. Siempre has estado desesperado por lo que es mío, Emilio. ¿Pero esto? ¿Reclamar un vínculo de aroma con una esclava sin lobo? Es patético, incluso para ti.—Sé lo que sentí, Ricardo —gruñó Emilio, apretando los puños—. El vínculo está ahí. Ella me pertenece por sangre y luna.—Me pertenece por plata y contrato —replicó Ricardo.
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