Pilar vino a buscarme a la entrada de la cámara después de la comida.
El asentamiento había adquirido esa cualidad vespertina específica de un día importante después de que ha ocurrido lo importante: más tranquilo, más cálido, con las familias moviéndose por el espacio con la soltura de quienes han presenciado algo real y lo llevan consigo con delicadeza. La mesa seguía llena, pero la cualidad de esa plenitud había cambiado de la expectación cargada de la mañana a algo más asentado. Los niños d