La entrada de la cámara estaba completamente abierta cuando llegué.
No el arco parcial de los primeros meses, no la apertura incompleta que había estado ensanchándose gradualmente desde que las piedras se movieron por primera vez. Completa. La plenitud matemática específica de un arco que ha alcanzado su forma correcta —cada piedra en su posición correcta, la curva perfecta, la luz que lo atravesaba ya no solo el aire cálido, sino algo visible.
Me detuve ante la entrada por un momento antes de