La mesa comunal los acogía a todos.
No por diseño, no por ningún arreglo formal ni protocolo de asientos. Las dieciséis familias del asentamiento más el personal de la finca más Adira, Erwin, Carlo y Nara, todos en la misma mesa larga en medio del valle, con la mañana cálida y la cámara visible en el extremo oriental, su arco completo y su aire tibio moviéndose aún de manera constante hacia el aire abierto.
Me senté en mi lugar habitual, en medio del lado largo.
Valentina estaba a mi lado con l