Isadora llevaba tres meses en la hacienda cuando dijo lo que dijo.
Se había convertido, en esos tres meses, en una presencia particular en la vida diaria de la hacienda que era distinta de todas las demás presencias. No era exactamente familia; era familia en el sentido del linaje, noventa y dos años de una ascendencia compartida, pero algo más preciso que familia. Algo que la palabra abuela se acercaba a nombrar sin llegar a alcanzarlo del todo.
Leía en el corredor norte por las mañanas.
Camin