CAPITULO VEINTIDOS
Milo
— Sigues sin pesar.
Me quejo mientras siento como mi cuerpo es alzado, algo que me saca totalmente de mi dulcesita neblina para despertarme de sopetón.
Algo que hace que me mueva bruscamente en los brazos que me cargan y de paso haga que caigamos.
Ugh.
— Maldición.
Abriendo mis ojos miro hacia ese poso lleno de dulce miel vislumbrando su tes luego de....varios días de haberlo visto, y puedo ser testigo principal de mi severa estupidez.
Porque se ve tan guapo.
Tan fríamen