Capítulo dieciocho

El silencio no regresó de la misma forma.

Antes, se sentía controlado. Medido. Como algo contenido por disciplina y orden.

Ahora—

Ahora se siente más pesado.

Como si algo hubiera sido perturbado y no hubiera vuelto a encajar en su lugar.

Nos movimos otra vez, pero más lento esta vez.

No débiles.

No sacudidos.

Solo… conscientes.

Me quedé sobre mi caballo, mi mirada volviendo más veces de las que quería admitir hacia el lugar que habíamos dejado atrás. La cresta. Los cuerpos. El trozo de tela ras
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