80. Mi decisión
Branca
Cássio apenas conseguía sostenerse en pie.
André se colocó a un lado, uno de los guardias al otro, ayudándolo a cruzar la sala con cuidado. Cada paso parecía costarle más de lo que debería, y aun así no se quejaba. La mandíbula tensa, la mirada fija en algún punto invisible al frente, como si quejarse fuera una concesión que se negaba a hacer.
Yo fui detrás, con el corazón demasiado oprimido para caber en el pecho.
Mi madre observaba todo en silencio, tensa, con los brazos cruzados junto