43. Estrategia
Cássio Ravelli
Retomé el juicio como si nada hubiera pasado.
Jonathan Krieger ya no estaba allí.
La silla en la sala permanecía vacía, discreta, casi banal, como si ese hombre nunca hubiera ocupado ese espacio, como si no hubiera acabado de atravesar mi línea de defensa personal. Ignoré la incomodidad y seguí el rito.
La fiscalía concluyó. La defensa intentó una última maniobra desesperada.
Inútil.
«Condeno al acusado a treinta años de reclusión, en régimen cerrado, por el delito de latrocinio.