25. Clara desapareció
Cássio Ravelli
Salí del despacho de Bayron con la sangre hirviendo.
No me despedí. No organicé ningún pensamiento. Solo caminé hasta el coche como quien huye de una explosión interna a punto de ocurrir. En cuanto cerré la puerta, perdí el control. Golpeé el volante una, dos, tres veces, sintiendo el dolor en los nudillos como si lo mereciera.
«¿Cómo no lo vi?», gruñí solo.
La imagen de Clara se mezclaba con la de Branca, con la de Aelyn, con aquella maldita carpeta sobre la mesa de Bayron. Todo