A ella le insistí que yo entendía a su padre porque sé lo que se siente y se negaba a creerlo, entre más hablaba su voz se ponía más quebrada, remató contándome lo que escuchó aquí mismo y al escuchar acerca de la habitación 230 supe que era cierto, no había forma de que ella supiera que esa era la habitación de Gonzalo, mi enojó escaló y exploté golpeando la mesa, aunque un segundo después seguía en negación, le dije que Gonzalo llegaría a aclararnos todo -… ¿Quién es el ingenuo ahora? – sus p