Aterricé en Madrid y ya me estaba esperando el chofer de mi padrino para llevarme a la finca, estar aquí se sentía tan familiar, hasta el aroma en el viento me parecía conocido, no era de extrañarme, después de todo, en este lugar fue que encontré un poco de paz en medio de toda la pesadilla que vivimos mi madre y yo, había sido mi refugio y se había convertido en mi nuevo hogar.
Mi madre me recibió al llegar, se veía radiante, me dio gusto encontrarla así, aunque la prisa por saber qué me habí