Alessandro, sentado en un rincón del restaurante, observaba la escena con una mirada glacial. No parecía afectado por los acontecimientos, pero sus ojos seguían cada movimiento de Livia con una intensidad palpable. La vio alejarse, pero algo dentro de él lo impulsó a no dejarla marchar así.
Livia, a punto de salir, se detuvo de repente. Un presentimiento la hizo girarse y se dirigió nuevamente hacia la mesa de Alessandro. Se acercó a él lentamente, con la mirada desafiante, pero también con una