Alessandro miró fijamente su teléfono unos instantes antes de dejarlo lentamente sobre su escritorio. Su mirada se endureció. No era un simple ejecutor de las órdenes de su padre. Dirigía su propio imperio, y no actuaba sin un plan preciso.
Livia Santoro…
Estaba viva. Y peor aún, tenía la audacia de caminar por las calles llevando su nombre, desafiando a los Volta.
—Muy bien, Livia —murmuró para sí mismo—. Si quieres jugar a este juego, entonces seré tu peor pesadilla.
Antonio sabía que su jefe