Capítulo 50. Dormir y despertar juntos
Los ojos de él eran brasas encendidas, cargadas de nublado deseo.
Todo esto era excitante, pero desesperante.
Deseaba a la misma vez que lo repitieran otro día… y que nunca volviera a pasar. Era casi doloroso… y ella, haciéndose con todo el control, parecía disfrutarlo.
Claro que lo disfrutaba.
Él era su premio, su presa, en un mundo en el que solía ser al revés, en el que los más fuertes se imponían.
Ahora no. Ella lo torturaría otro poco, aunque dándole placer.
Se aferró al calor.
Al fuego.