La inmensa cocina de la mansión Volkov en el ala este parecía el laboratorio de un chef con tres estrellas Michelin. Estaba revestida de mármol negro absoluto, con electrodomésticos de acero de calidad industrial y una isla central tan grande que podría haber servido como pista de aterrizaje.
Normalmente, ese territorio estaba bajo el dominio de Gerard, un chef francés al que Aleksei le pagaba una fortuna. Por eso, cuando el mismísimo Aleksei Volkov cruzó las puertas dobles a las diez de la m