El sol de Dubái se filtró por las inmensas cristaleras de la recámara principal, trazando líneas doradas sobre las sábanas de lino revueltas. Valentina Reyes, la arquitecta paisajista que había viajado a los Emiratos con un espíritu indomable, abrió los ojos lentamente. Ya no estaba confinada en el ala de invitados. Esta era su cama, su territorio, y el peso cálido del brazo que rodeaba su cintura le confirmaba que las fronteras entre ellos habían sido demolidas para siempre.
Aleksei