El crujido fino de la harina bajo los pies descalzos de Aleksei fue el único prefacio a la tormenta que se desató en la cocina. La frialdad del mármol negro absoluto bajo los muslos de Valentina contrastaba de manera casi violenta con el fuego abrasador que emanaba del cuerpo del magnate ruso. Atrapada entre la barra y el torso imponente de su esposo, Valentina sintió el impacto de la mirada de Aleksei: un azul siberiano oscurecido por la lujuria, desprovisto de cualquier freno corporativo o co