El murmullo constante de los chorros de hidromasaje y la condensación que empañaba los cristales del baño principal parecían aislar el jacuzzi del resto del universo. Dentro del agua templada, la temperatura continuaba en un ascenso vertiginoso, empujada por la marea de calor que emanaba de los dos cuerpos entrelazados. La provocación de Valentina —sus gemidos quebrados, el roce desesperado de sus caderas sobre el regazo del ruso y la súplica explícita que acababa de pronunciar contra su oído—