Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana en Dubái no irrumpió con estruendo, sino que se deslizó sigilosamente a través de las pesadas cortinas de la recámara principal, tiñendo las maderas oscuras y las sábanas de lino egipcio con un resplandor dorado y tenue. Aleksei Volkov fue el primero en abrir los ojos. Su reloj biológico, entrenado durante años para despertar antes de la apertura de los mercados asiáticos, lo sacó del sueño con una precisión militar. Sin embargo, por primera vez en toda su vida adulta, el magnate no







