El dolor latente y el placer abrasador se fundieron en una sola línea de fuego continuo en cuanto Aleksei avanzó. No hubo vacilación en el empuje final, pero sí una precisión quirúrgica nacida de la necesidad imperiosa de no causarle un daño irreparable al cuerpo lesionado de su esposa. Valentina sintió que el lino suave de las sábanas desaparecía bajo su espalda sana, reemplazado por la solidez abrumadora del pecho de su esposo, que se mantenía como un escudo protector a su espalda, as