—¡Annie! ¡Ayaka te busca! —exclamó mi papá desde la planta baja, aunque el primero en bajar fue Fuser, meneando su trasero de lado a lado mientras bajaba las escaleras a toda velocidad a saludar al recién llegado. Pese a que sabía que mi perro no le haría daño a mi amigo prefería que se mantenga alejado de él, pues una vez en el colegio escuché una conversación que, si bien no me molestó, me hizo tomar conciencia que no a todos les gustan los perros.
—Ay, mira esto... Mi pantalón nuevo lleno de