Me levanté el 24 de diciembre más tarde que de costumbre, bajé las escaleras despeinada y descalza, el único despierto era Kentin que estaba armando el arbolito de Navidad y el Pesebre. Me quedé dura mirándolo, sorprendida por su espíritu navideño, y él se giró al escuchar pasos en la escalera.
—¡Buen día, bella durmiente! —exclamó muy contento—. ¿Dormiste bien?
—Sí, bastante bien. Aunque es algo tarde para armar el arbolito, ¿no crees? —pregunté mirando los adornos navideños esparcidos por tod