El cambio en el grupo de Allison fue de ciento ochenta grados, su actitud pasó de negro a blanco en el mismo momento en que nos sentamos todos a comer, riendo y contando todo lo que había pasado en el centro de la ciudad. La rubia aún seguía un poco conmocionada por lo ocurrido y se recostaba sobre el hombro de su hermano mientras escuchaba con atención nuestro punto de vista.
Al terminar de comer, levanté los platos y los llevé al fregadero para lavarlos pero Nicholas me lo impidió.
—No, Annie