—Arriba, princesa. Ya es hora de levantarse.
Yo abrí los ojos lentamente, ya era de día. Estaba desnuda en la cama de la suite, Kentin ya se había levantado y estaba poniéndose unos bermudas, tenía el torso desnudo y me miraba con con un gesto divertido en sus ojos.
—Buenos días —susurré mientras me estiraba.
—Buen día, mi amor. ¿Cómo dormiste? —preguntó.
—¿Se puede dormir mejor después de lo anoche? —pregunté con una sonrisa, él se rio entre dientes, buscó una sudadera del armario y se la pasó