El Palacio amaneció un día completamente decorado con adornos navideños. Las guirnaldas y los campanas, los lazos dorados y rojos, el heno y los muérdagos alegraban las barandillas de la escalera imperial, los candelabros, los arcos de las puertas y los espejos. Toda la servidumbre llevaba una flor de Nochebuena adherida a su uniforme, y una vez al día salíamos a pasear en trineo tirado por uno de los caballos, hicimos más de una guerra de bolas de nieve y una competencia de muñecos a ver quién