El Jeque Rashid permanecía en silencio observando a los niños cómo creaban su coche, aunque su atención estaba más en la niña, le gustaba ver como llevaba el mando en todo. Sin embargo, Izan lo dejaba asombrado también por el gran conocimiento que tenía en cada una de las piezas.
Alana reía y miraba a Izan, se debatían en el color, y todavía no llevaban ni medio coche. Los diseñadores le ayudaban con su conocimiento también, no faltaron risas y frías miradas del Jeque que poco a poco se suaviza