Cuando entraron a la sala, todos los ojos se clavaron en ellos. Richard estaba de pie junto a la chimenea, con los brazos cruzados y una expresión que Stefan no pudo descifrar. Catherine permanecía sentada, con la espalda recta como una vara. Victoria tenía la mano presionada contra su frente, como si estuviera conteniendo un dolor de cabeza masivo. Y Alexander los miraba con algo que podría haber sido admiración o incredulidad.
—¿Alguien quiere explicarme qué carajo acaba de pasar?
Stefan apr