Era agosto, seis meses después del final del reto en febrero.
El edificio estaba vacío. Luciana lo sabía porque había visto las luces apagarse una por una durante las últimas dos horas. Primero el piso 38, donde trabajaba el equipo de finanzas. Luego el 40, donde los abogados corporativos peleaban batallas en lenguaje legal. Después el 41, donde su propia asistente ejecutiva cerró la laptop con ese gesto delicado que significaba: ya hice suficiente por hoy.
Jerome había tocado a s