Dante
El sonido de la pluma golpeando el escritorio se mezcla con el repiqueteo de mis dedos contra la madera. No puedo concentrarme. No puedo leer los malditos informes que Luciano me está pasando y mucho menos puedo mantener la paciencia con todo lo que se me está acumulando. La cabeza me va a explotar.
Lucía y Nico salieron hace un rato con el equipo de seguridad, pero en lugar de sentirme tranquilo, la sensación de irritabilidad se ha hecho más intensa. Todo en mí me grita que algo está mal,