DANTE
Estoy en el despacho temporal, una habitación fría y funcional que apenas refleja el lujo del resto de la casa. Aquí no hay candelabros ni mármol pulido.
Solo paredes lisas, un escritorio sencillo y un par de sillas. Justo como me gusta. Nada que distraiga de lo esencial.
En mis manos hay una fotografía. No debería estar viéndola, pero la tentación me ha ganado. La miro, un rostro joven y sonriente me devuelve la mirada. Siempre lo mismo.
La miro y siento esa familiar punzada de frustrac