Lucía
El pasillo está sumido en el caos. Los disparos retumban como explosiones cercanas, y el eco de las pisadas apresuradas resuena en mis oídos. Dante camina delante de mí, empujando la silla de ruedas donde Nico, semi despierto, se retuerce nervioso.
—¡Mami! —su voz suena débil, rota—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué están gritando?
Quiero responderle, decirle que todo está bien, pero las palabras no salen. Mi garganta está seca, y el corazón me tarde tan fuerte que siento que se me va a salir d