—¡Maldita niña! Si yo no me hubiera acostado con el director, ¿crees que habrías entrado a esa escuela tan exclusiva?
—¿Y sin el dinero de esos miserables mocosos ricos, crees que podrías haber comido los almuerzos que en tu vida habrías podido pagar?
Mireya, en lugar de disculparse, admitió sin dar tantos rodeos todo lo que Marisabel la acusaba, sin el más mínimo remordimiento en su rostro.
Simón, al ver esta situación tan caótica, prefirió no meterse para nada. No era su lugar juzgar la vida d