Simón movió ligeramente su brazo, como una feroz ráfaga de viento invisible, empujando a las dos mujeres con facilidad.
Sin embargo, ellas no parecieron sentir ningún dolor, y en un instante volvieron a correr directo hacia él, sin temor alguno al arma que Simón sostenía con firmeza.
Con mucha preocupación, Simón volvió de nuevo a mover el brazo, liberó una fuerza que las hizo retroceder de inmediato, claramente estaban heridas, aunque de manera muy leve.
Pero ese ataque no las detuvo, al cont