Ellos miraban estupefactos al cielo, con los ojos muy abiertos y las bocas como si pudieran devorar el mundo entero, el terror en sus rostros era palpable.
Mientras esos tres realizaban un ritual indescriptible y extraño, de las bocas de los fervorosos devotos del Culto del Dragón de Fuego comenzó a salir una niebla gris increíble, como si tuviera vida propia.
Esa niebla fluía lentamente, cubriendo desprevenido el oscuro sótano y comenzando a extenderse hacia afuera, invadiendo así cada rincón