Mediodía.
Cástor llegó a Isla Lacustrina con varios periodistas, mostrando una expresión de satisfacción total mientras caminaban por el borde del puente.
—¿Me llamaron? — preguntó Cástor, levantando muy altivo la cabeza.
Pedro salió al instante de la oficina con una sonrisa en el rostro. —Sí, nuestro jefe le está esperando. Por favor, espere un momento más.
—¿Esperar? ¡Que se dé prisa! — Cástor dijo, mostrando su fuerte disgusto.
Pedro afirmó con una sonrisa y comenzó a llamar a Simón.
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