Simón se presentó en la habitación por la mañana, rodeado de múltiples colores brillantes que destellaban sin cesar.
Después de un largo rato, finalmente logró contener la energía que emanaba de su cuerpo y la ocultó muy bien dentro de sí mismo.
Una vez restaurado a su estado habitual, Simón sonrió muy satisfecho.
De buen humor, se sirvió una taza de café y comenzó lentamente a beberla con tranquilidad.
Poco después, Miguel y Lucía llegaron directo a la habitación.
Viendo a Simón disfrutando