—Los pecadores de antaño, sin duda alguna, recibirán su castigo. La historia se encargará de recordar sus nombres con desprecio, dejando asi una mancha eterna sobre ellos. Pero las personas, los inocentes, no deberían ser arrastrados a este odio ni pagar por crímenes que no cometieron.
La enorme cara femenina formada en la pared rocosa miró a Simón con una expresión que parecía extrañamente malvada. Después de unos segundos de silencio, respondió:
—Eres realmente una persona bondadosa y amable.